Vinicio, más conocido como “Vino” entre sus familiares, amigos, colegas. Graduado de clarinetista en un prestigioso conservatorio de Rusia por una beca que se ganó, aprendió sus habilidades desde pequeño. Ya de regreso en la ciudad que lo vio nacer, quería emprender una gira en pequeños bares bohemios y de clase en la ciudad, en donde interpretaría sus temas, compuestos por el mismo junto con un contrabajista que conoció de casualidad en el aeropuerto en su regreso al país.
Su pasión era tocar saxofón, su sonido lo alegraba, lo gozaba, lo tocaba con una pasión única como tocar unos senos de una bella mujer, delicadamente con las yemas de los dedos, con una delicadeza por hermosura y una excitación de sentir la adrenalina y el furor del momento.
Así se sentía el al tocar su saxofón al que lo apodaba “galán”.
Así se sentía el al tocar su saxofón al que lo apodaba “galán”.
Soltero de 27 años, viviendo en el último piso de un edificio ubicado en el centro de Guayaquil, con una hermosa escena de el nocturno guayaco sobre el rio que soplaba la brisa del guayas, Vinicio pasaba delicadamente sus dedos por su saxofón. Para su pequeña pero esperada gira para darse a conocer como el que va a será uno de los mejores saxofonistas.
I
Su primera noche tocó en un bar de “clase” en las peñas, el cual la gente no llenaba más de la mitad del bar. El detrás de escenario esperaba su momento fortuito para desenvolverse en sus mas fantásticas hazañas del músico delirante como él se mencionaba. Se tomó un sorbo de ron para quitarse los nervios.
Mientras tocaba “lover man” de Charlie Parker a su estilo con sus gestos expresivos, en una mesa una rubia solitaria no dejaba de verlo, mientras se llevaba una copa de vino a sus labios, Vinicio se percato de su presencia, mientras veía que su zapato de taco alto de color rojo se movía al compas de la música, sentía que el sonido que transmitía por “galán” la hipnotizaba a ella.
- ¿De dónde te conozco? – Le pregunto Vinicio al sentarse en su mesa con “galán” guardado en su maletín.
- Creo que te conozco desde hace un momento, me has dejado anonadada, tus melodías me hacían sentir en New Orleans.
- Creo que te conozco desde hace un momento, me has dejado anonadada, tus melodías me hacían sentir en New Orleans.
- ¡Así que eres una degustante del jazz! Me alegra saber eso, así puedo con “galán” regalarte una intima canción.
Ella no dejaba de mirar a Vinicio a sus ojos negros penetrantes, no dejaba de ver su masculinidad, su pecho que brotaba de la camisa abierta, solo pensaba en pasar su uña roja y arañarlo suavemente.
- ¿Te llamas Vinicio, verdad? Yo soy Dora, para servirte. – Se servía otro sorbo de vino a su boca y dejaba marcado más su labial en mismo lugar de la copa.
- Lindo nombre, Dora, pero ¿Por qué tan sola?
- Mi marido es ingeniero mercante en la naval, pasa viajando y me toca quedarme sola degustando de los pequeños placeres que se puede hacer cuando una está sola.
- ¿Te llamas Vinicio, verdad? Yo soy Dora, para servirte. – Se servía otro sorbo de vino a su boca y dejaba marcado más su labial en mismo lugar de la copa.
- Lindo nombre, Dora, pero ¿Por qué tan sola?
- Mi marido es ingeniero mercante en la naval, pasa viajando y me toca quedarme sola degustando de los pequeños placeres que se puede hacer cuando una está sola.
Mientras en el bar sonaba de fondo “Moonlight serenade” pensaba en bajarle la tira del vestido de Dora. - ¿Vas a algún lado de aquí? ¿No deseas tomar un trago?
- Esas propuestas a una mujer casada no se le hacen, Vinicio.
- No me digas Vinicio, dime “Vino” así también puedes tomarme como a esa copa y beberme. – Con una risa coqueta Dora acepta la invitación de Vinicio a su departamento.
- Esas propuestas a una mujer casada no se le hacen, Vinicio.
- No me digas Vinicio, dime “Vino” así también puedes tomarme como a esa copa y beberme. – Con una risa coqueta Dora acepta la invitación de Vinicio a su departamento.
Mientras se besaban al compás de un mismo ritmo, el ritmo del deseo, se iban desvistiendo. Dora se soltó el cabello y desabrochó su vestido y lo dejo caer al piso, Vinicio empezó a tocar sus senos, sintiendo como que si tocara las teclas de su saxofón.
De repente cambió su carácter, la empujo a Dora, se levantó de la cama, recogió su bóxer y se lo coloco. – ¡Por favor ándate! – Recogió el sostén de ella, y le pidió nuevamente que se marche.
-¿Pero que te sucede? Estábamos tan bien pasándolo, si es por mi marido, no lo tomes en cuenta, el siempre me deja sola y no puedo quitarme la calentura de las noches yo misma.
- ¡Por favor vístete y márchate! – Le gritó Vinicio
- Ándate a la mierda calienta cuerpo. – Vinicio le abrió la puerta de su departamento, cerró y se asomo a su balcón a ver que se marchara la despechada mujer.
-¿Pero que te sucede? Estábamos tan bien pasándolo, si es por mi marido, no lo tomes en cuenta, el siempre me deja sola y no puedo quitarme la calentura de las noches yo misma.
- ¡Por favor vístete y márchate! – Le gritó Vinicio
- Ándate a la mierda calienta cuerpo. – Vinicio le abrió la puerta de su departamento, cerró y se asomo a su balcón a ver que se marchara la despechada mujer.
II
En un bar Chill de la ciudad se anunció su recital el cual lo ensayo con unos amigos de su antiguo conservatorio, decidieron entonar “Koop island blues” de Koop, cuando de repente de una mesa se levanto una chica, era Rebeca, una chica que cantaba en el conservatorio, vieja amiga de Vinicio, cogió el micrófono y comenzó a cantar la canción, como una buena improvisación del rato ella hipnotizo a todos con su voz y mas a Vinicio que no tenía tiempo de haberla visto y peor haberla escuchado. Entre ellos se miraban de reojo, y sentían una conexión un poco más que musical.
- ¡A los años que te dejas ver Vinicio! Estas cambiadísimo, y hasta estás más guapo que antes.
- Tu no te quedas atrás, estas muy bien, tu voz me dejo anonadado, has mejorado tu canto que me he llegado a erizar de solo escucharte.
- ¡Patrañas! Esa canción es mi favorita, y no quería aprovechar el momento y así que me lancé a cantarla.
- ¡Muy bien hecho! Me has llegado hasta lo más profundo.
- ¡Ay! No seas tan exagerado, se nota que no has cambiado Señor Vino, siempre exagerado.
- Tu no te quedas atrás, estas muy bien, tu voz me dejo anonadado, has mejorado tu canto que me he llegado a erizar de solo escucharte.
- ¡Patrañas! Esa canción es mi favorita, y no quería aprovechar el momento y así que me lancé a cantarla.
- ¡Muy bien hecho! Me has llegado hasta lo más profundo.
- ¡Ay! No seas tan exagerado, se nota que no has cambiado Señor Vino, siempre exagerado.
Paso un rato de la conversa y se encontraban los dos metidos en el baño besándose a mil por hora, era como que se hubieran deseado desde el momento que se conocieron y ese era el momento de expresarse, Vinicio cogía sus dos manos y las dejaba alzada en la puerta sin tener ella oportunidad de tocarlo. El la besaba por el cuello, su cabello largo lacio tapaba su rostro, el con su labio despojaba su cabello para seguir besándola. Ella comienza a desabotonarle su camisa y agacharse a jugar con el cierre de su pantalón.
- ¡No avances por favor! ¡Tengo que irme Rebeca. Lo lamento, tengo que irme! – Vinicio muy apurado lo repitió, se arregló y salió del baño. Afuera esperaban algunas chicas que querían entrar y se percataron de su presencia masculina que salía del baño y no más sonreían.
III
Mientras se preparaba y afinaba su saxofón dentro de un bar céntrico de la ciudad, Vinicio bebía su trago de ron para la espera de su acto, la camarera tropieza con la caja donde guarda a “galán” y le replica disculpas, el la ayudo a levantar del piso y le miró fijamente a sus ojos azules y quedo impactado de su sencilla belleza. Miró su pincho que decía Miriam. – Hola Miriam – Le dijo Vinicio.
- Disculpe señor, en serio no vi la caja de su saxofón ¡en serio! No le vaya a decir al dueño, estoy aprueba y recién entro, no le diga nada. – Asustada le replicó – El le dijo que se tranquilizara, que todo estaba bien.
En toda su presentación no dejo de verla, a lo que cruzaba de un lado a otro atendiendo a los asistentes del bar. Ella con un pequeño nerviosismo alzaba su mirada tímida hacia el pequeño escenario del bar y notaba que la mirada de el era hacia ella. De repente el paró la música y dijo – Paren la música, esta canción va dedicada para esas mujeres que siempre le causaban calentura, tanto como una fiebre, canto parte de “Fever” de Elvis Presley y solo cantaba como que si en el publico solo estuviera ella, Miriam.
En toda su presentación no dejo de verla, a lo que cruzaba de un lado a otro atendiendo a los asistentes del bar. Ella con un pequeño nerviosismo alzaba su mirada tímida hacia el pequeño escenario del bar y notaba que la mirada de el era hacia ella. De repente el paró la música y dijo – Paren la música, esta canción va dedicada para esas mujeres que siempre le causaban calentura, tanto como una fiebre, canto parte de “Fever” de Elvis Presley y solo cantaba como que si en el publico solo estuviera ella, Miriam.
Vinicio esperaba en la puerta del bar a que Miriam salga de su trabajo. Miriam se asusto al verlo.
- Señor, estuvo muy bonita su presentación. Disculpeme por ese incidente.
- Tranquila, las cosas pasan. ¿A dónde te diriges? Te puedo dar un aventón y dejarte en tu casa.
- No se preocupe señor, yo cogeré un taxi – El la calla muy rápidamente.
- A ver, no me digas señor, dime Vinicio, o como me conocen, Vino, y tranquila yo puedo llevarte. Ademas, la ciudad esta peligrosa, una chica como tu no puede andar a estas horas de la noche sola.
- Bueno señor. ¡Que diga! Vinicio, le acepto su aventón.
- Señor, estuvo muy bonita su presentación. Disculpeme por ese incidente.
- Tranquila, las cosas pasan. ¿A dónde te diriges? Te puedo dar un aventón y dejarte en tu casa.
- No se preocupe señor, yo cogeré un taxi – El la calla muy rápidamente.
- A ver, no me digas señor, dime Vinicio, o como me conocen, Vino, y tranquila yo puedo llevarte. Ademas, la ciudad esta peligrosa, una chica como tu no puede andar a estas horas de la noche sola.
- Bueno señor. ¡Que diga! Vinicio, le acepto su aventón.
Paró su automóvil en un lugar un poco oscuro y le dijo – Te confieso, no puedo dejar de verte, eres hermosa, tu mirada, me llega, me entra al alma y puedo descubrir la tuya.
- Vinicio usted es muy romántico, pero por favor, este lugar me asusta, esta oscuro y además quiero llegar a casa, estoy muy cansada.
- Pero te puedo llevar a otro lado para que descanses mejor.
- ¡Señor! Lléveme a mi casa como usted lo había prometido.
La cogió muy fuerte de los hombros, la beso a la fuera, mientras forzaba ella en separar sus labios finos de los labios de Vinicio. Ella gritaba de desesperación y comenzó a cachetearlo.
- Si mi amor que linda te ves ¡sígueme pegando! Enojada te ves más hermosa.
- ¡Imbécil suéltame! ¡Estúpido! Mientras ella con su poca fuerza lo golpeaba y lo golpeaba el mas se abalanzaba y se encendía, esa furia de ella, lo prendía mas y mas. El quería más y Miriam logró abrir la puerta y salió corriendo despavorida. Hasta que entró en razón de lo que estaba haciendo, pensó se quedo anonadado de su comportamiento, se sintió mal, miró por el retrovisor para ver si encontraba a la chica y no vio mas que los resplandores de los postes de luz. Salió a prisa en su automóvil y prefirió ese día olvidar y
dormir.
IV
- Hola, soy Fanny, estuve en uno de tus conciertos en un bar y quiero saber ¿cuánto cobras por tema o por velada? Quiero contratarte, estoy dispuesta a pagarte lo que sea.
- ¿Cómo consiguió mi numero?
- Ahí esta señor Vinicio, los contactos. Pero no se me haga el loco, y dígame si me puede dar una tarifa de una velada.
- Dígame ¿En qué bar, explanada? ¿Cuántos temas? ¿Qué canciones?
- Le soy sincera, es para mí sola la velada, es mi cumpleaños y me quiero dar de regalo un poco de buena música.
- Ummm creo que estoy entendiendo el asunto. Eso podremos arreglarlo personalmente.
- ¿Cómo consiguió mi numero?
- Ahí esta señor Vinicio, los contactos. Pero no se me haga el loco, y dígame si me puede dar una tarifa de una velada.
- Dígame ¿En qué bar, explanada? ¿Cuántos temas? ¿Qué canciones?
- Le soy sincera, es para mí sola la velada, es mi cumpleaños y me quiero dar de regalo un poco de buena música.
- Ummm creo que estoy entendiendo el asunto. Eso podremos arreglarlo personalmente.
Fanny, viuda de 47 años, adinerada por los negocios de su difunto marido, sus hijos estudiando en el extranjero. Quería hacer algo diferente en su cumpleaños, darse esos lujos de la vida que solo los adinerado se pueden dar.
- Así es señor, cumplo 47 años.
- Parece de menos, además, se encuentra muy bien conservada.
- ¡Ay querido! Los milagros de la cirugía, una buena dieta y ejercicios. Hay que mantenerse bien. Pero ese no es el tema, quiero que toque para mí. Ya tengo decorada una mesa en mi sala, y un lugar arreglado para que usted se luzca. Hágame vibrar con su sonido.
Mientras tocaba “fly me to the moon” notaba los ojos de Fanny que lo veían de arriba hacia abajo, ella empezaba a soltarse su cabello, a tocarse los senos, tocarse entre las piernas. Como si la música que provenía de “galan” la excitaba mas y mas.
- Vinicio, toca “strangers in the night” y no pares, no pares… - Se levanto de su silla y comenzó a moverse al compas de cada sonido y dejaba caer sus ropas poco a poco.
Vinicio empezó a excitarse de su baile erótico mientras tocaba, sentía al tocar las teclas de su saxofón como que si tocara los pezones de Fanny. Ella se empezó a acercar. Y comenzó a tocarle, a venerarle como si fuera un Dios, acostándose en el piso a pies de Vinicio, mientras se tocaba su vagina y gemia. Se arrastraba, daba giros de un lado a otro, Fanny se sentía en el mayor climax de su vida al estar acostada en el piso, tocándose sus senos, pasándose sus manos hasta por donde nadie jamás la ha tocado.
Vinicio no dejaba de mirar, sudar, quería abrirla de piernas y cogerla ahí mismo. Paró la música… y ella tuvo su orgasmo, el mejor orgasmo de su vida. No paraba de gritar. De agitarse más que un temblor. No dejaba de gemir, de sudar.
- Señora tengo que irme.
- Pero aun estamos comenzando, puedo seguir más.
- No señora, tengo otra presentación. – Nerviosamente lo dijo
- ¡Vaya la mierda! Recoge tu dinero en la entrada de la puerta donde hay un florero. Hay mil dólares. Cógelos y cuando quieras ni pienses en venir, solo ven.
V
Caminaba Vinicio en el centro comercial viendo una caña para la embocadura de su saxofón y en la tienda musical gritaba para que le den atención y de repente salió una chica morena con un afro muy grande, por sus ropas hippies y bohemia, y su acento se notaba que no era de Ecuador.
- Emm… ¿Digama en que puedu ayudar? – Un poco entendible español con su acento portugués
- ¿Linda, tienes cañas para saxo?
- Si serñor, pero no me llamo Linda, me llamo Soledad – Entre risas
- Discúlpeme pero le estaba piropeando – coquetamente le decía Vinicio mientras ella trataba de entender lo que decía con su español.
- Gracias, Soledad. ¿Oiga, usted es músico?
- Si señor, toco guitarre.
-Interesante, ya como usted se enteró, toco saxofón y por su acento veo que es de brasil. ¿No es así?
- Si señor, eu soy du Brasil
- Llameme Vinicio. Aun no soy tan señor. Y asumo que es usted es una “garota de Ipanema”
- Ni garota, ni de Ipanema. Eu soy de Rio y también veo que de bossa sabe. ¿Qué tal si algún día nos juntamos a tocar un poco de bossa? – Le propuso Soledad.
- Emm… ¿Digama en que puedu ayudar? – Un poco entendible español con su acento portugués
- ¿Linda, tienes cañas para saxo?
- Si serñor, pero no me llamo Linda, me llamo Soledad – Entre risas
- Discúlpeme pero le estaba piropeando – coquetamente le decía Vinicio mientras ella trataba de entender lo que decía con su español.
- Gracias, Soledad. ¿Oiga, usted es músico?
- Si señor, toco guitarre.
-Interesante, ya como usted se enteró, toco saxofón y por su acento veo que es de brasil. ¿No es así?
- Si señor, eu soy du Brasil
- Llameme Vinicio. Aun no soy tan señor. Y asumo que es usted es una “garota de Ipanema”
- Ni garota, ni de Ipanema. Eu soy de Rio y también veo que de bossa sabe. ¿Qué tal si algún día nos juntamos a tocar un poco de bossa? – Le propuso Soledad.
Soledad cantaba “aquarela do Brasil” Con un tono como de Elis Regina, para Vinicio, y el no dijo nada. Simplemente se quedó anonadado de su hermosa voz, su portugués bien pronunciado y la habilidad que tocaban sus dedos las cuerdas de su guitarra.
- ¿Te gustó? – Pregunta sonriéndole Soledad a Vinicio
- Me ha encantado en lo más absoluto. Tu voz me enamora
- No seas exagerado Vinicio.
- ¡Es verdad! Siente como esta latiendo mi corazón – Cogió la mano de Soledad y le puso en su corazón y ella se sonrojó.
-Bueno lo tomaré como un halago – Se quedaron viendo fijamente y el se acerca muy despacio hacia su rostro y ella lo vira.
- Vinicio, no, Vinicio, no corras. Vinicio, mírame a los ojos, esto es bonito, pero no vueles aun. En mi país los chicos son muy abalanzados y ya quieren ir de una a la cama. Y no me gusta eso. Y la verdad, tengo que irme, ya toca mi turno de trabajar en la tienda. Ha sido un gusto Vinicio – Le pega una pequeña sonrisa.
- ¿Te gustó? – Pregunta sonriéndole Soledad a Vinicio
- Me ha encantado en lo más absoluto. Tu voz me enamora
- No seas exagerado Vinicio.
- ¡Es verdad! Siente como esta latiendo mi corazón – Cogió la mano de Soledad y le puso en su corazón y ella se sonrojó.
-Bueno lo tomaré como un halago – Se quedaron viendo fijamente y el se acerca muy despacio hacia su rostro y ella lo vira.
- Vinicio, no, Vinicio, no corras. Vinicio, mírame a los ojos, esto es bonito, pero no vueles aun. En mi país los chicos son muy abalanzados y ya quieren ir de una a la cama. Y no me gusta eso. Y la verdad, tengo que irme, ya toca mi turno de trabajar en la tienda. Ha sido un gusto Vinicio – Le pega una pequeña sonrisa.
VI & VII
Vinicio fumaba un tabaco en su balcón, estaba solo vestido con un bóxer blanco, viendo la gente pasar, los carros que iban de un lado a otro, fumaba y botaba el humo viendo si encontraba alguna forma ente el humo. Se percató que en la esquina de la manzana de su edificio se encontraba una chica que miraba hacia arriba, hacia él, estaba muy bien vestida, fumaba también un cigarrillo. El se llevaba el tabaco a la boca, y ella también lo hacía… botaba el humo y ella también lo hacía. Ella cruzó la calle y Vinicio dejo de verla. Y luego volvió a mirar el humo encontrándole alguna forma y se percato que ella estaba del otro lado de la calle, frente a frente y ella viendo para arriba. Vinicio se vistió y bajo del edificio. Se la quedó viendo desde la puerta del edificio. Ella cruzó la calle, se acercó a el y le dijo que si lo podría prender su tabaco.
- ¿Qué andas haciendo aquí sola?
- No estoy sola… estoy contigo, pero hace un momento, esperaba a una amiga – Sonriéndole de una forma coqueta. – Justo ahí viene mi amiga. – Una chica joven de mirada muy sexy, de piernas largas y su cuerpo curvo, con un escote donde sus voluptuosos pechos sobre salían y saltaban al paso de ella.
- Ella es Silvia, yo soy Lady. Mucho gusto.
- Yo soy Vinicio, para mí es un gusto conocerla a las dos. Y parecen que van a una fiesta importante que las veo bien vestida.
- Íbamos, nuestros chicos nos han dejado plantada. Y ahora no sabemos qué hacer.
- Las invito a pasar, vamos, conversamos, tomamos un trago, conversamos de nuestras vidas. Y vemos que hacemos. La noche es mas virgen que la madre teresa y además, estamos muy jóvenes, podemos hacer lo que se nos dé la gana.
- ¡interesante! Subamos. – Las chicas entraron con él al edificio y al departamento.
- Que bonito departamento tienes, me encanta – Dijo Silvia. – La verdad me impresiona tu buen gusto de decorar las cosas, es interesante – Comentó Lady.
- Gracias chicas, ¿Quieren servirse algo?
- Danos vodka, queremos algo un poco fuerte – Coquetearon ambas a la vez.
- No estoy sola… estoy contigo, pero hace un momento, esperaba a una amiga – Sonriéndole de una forma coqueta. – Justo ahí viene mi amiga. – Una chica joven de mirada muy sexy, de piernas largas y su cuerpo curvo, con un escote donde sus voluptuosos pechos sobre salían y saltaban al paso de ella.
- Ella es Silvia, yo soy Lady. Mucho gusto.
- Yo soy Vinicio, para mí es un gusto conocerla a las dos. Y parecen que van a una fiesta importante que las veo bien vestida.
- Íbamos, nuestros chicos nos han dejado plantada. Y ahora no sabemos qué hacer.
- Las invito a pasar, vamos, conversamos, tomamos un trago, conversamos de nuestras vidas. Y vemos que hacemos. La noche es mas virgen que la madre teresa y además, estamos muy jóvenes, podemos hacer lo que se nos dé la gana.
- ¡interesante! Subamos. – Las chicas entraron con él al edificio y al departamento.
- Que bonito departamento tienes, me encanta – Dijo Silvia. – La verdad me impresiona tu buen gusto de decorar las cosas, es interesante – Comentó Lady.
- Gracias chicas, ¿Quieren servirse algo?
- Danos vodka, queremos algo un poco fuerte – Coquetearon ambas a la vez.
Pasaron las horas, bebían, conversaban, reían, entraban en una gran simpatía los tres jóvenes, como que si la vida los hubiera juntados ese día, como si ya se hubieran conocido desde hace tiempo. Pusieron algo de música de Fatboy slim para bailar entre ellos, haciendo movimientos sensuales, ellas agitaban sus cabezas como que si hubieran entrado en trance. Vinicio disfrutaba estar entre ellas.
Lady se bajo el calzón y lo botó desde el balcón abajo, Silvia se dio la vuelta y en un movimiento ágil se sacó el sostén de su vestido de tiras. El alcohol había trabajado en ellos tres.
Silvia se acerca al mini bar de Vinicio y prepara trago para los tres. De repente Lady y Vinicio comenzaron a besarse
- Parece que ya andan calenturientos – Dijo Silvia. Y se comían salvajemente los labios. Silvia entro en acción, comenzó a tocar las nalgas de ambos, a tocar le dio un vaso a Lady y otro a Vinicio. Ella se tomo de un sorbo su trago.
Estaban los tren en la cama, desnudos, tocándose, besándose, tres lenguas unidas moviéndose y rosándose la una con la otra.
Vinicio comenzó a intranquilizarse.
- ¿Oye papi que no te funciona tu huevada? – le gritó Lady. Vinicio comenzó a sentirse mareado y a gritarles.
- ¡Perras váyanse! Déjenme en paz. El comenzó a sentirse más mal, todo le daba vueltas y Lady y Silvia solo sonreían.
- Que pena que no se te pare mijito. ¡Pero a mí no me dices perra! Comenzó a pegarle cachetadas. De un lado a otro iba su cabeza. Se emocionó Vinicio al sentir dolor.
- ¡Pégame perra, soy tuyo! – Replico Vinicio. Y entre esa avalancha de golpes que lo propinaban Lady y Silvia el sentía satisfacción, se comenzaba a excitar mas. Y entre recuerdos vagabundos, lagunas mentales recordaba cuando su padre le pegaba y le obligaba a tener los juegos prohibidos que siempre tenían cuando mamá se iba. Le propinaba golpes que lo hacían llorar y gemir a la vez. No sabía si estaba confundido, extasiado, erróneo, pero lo lleva a su mayor éxtasis ese momento. Silvia le penetra profundamente una botella, el gime, se siente sucio pero feliz, asqueado pero satisfecho.
Lady se bajo el calzón y lo botó desde el balcón abajo, Silvia se dio la vuelta y en un movimiento ágil se sacó el sostén de su vestido de tiras. El alcohol había trabajado en ellos tres.
Silvia se acerca al mini bar de Vinicio y prepara trago para los tres. De repente Lady y Vinicio comenzaron a besarse
- Parece que ya andan calenturientos – Dijo Silvia. Y se comían salvajemente los labios. Silvia entro en acción, comenzó a tocar las nalgas de ambos, a tocar le dio un vaso a Lady y otro a Vinicio. Ella se tomo de un sorbo su trago.
Estaban los tren en la cama, desnudos, tocándose, besándose, tres lenguas unidas moviéndose y rosándose la una con la otra.
Vinicio comenzó a intranquilizarse.
- ¿Oye papi que no te funciona tu huevada? – le gritó Lady. Vinicio comenzó a sentirse mareado y a gritarles.
- ¡Perras váyanse! Déjenme en paz. El comenzó a sentirse más mal, todo le daba vueltas y Lady y Silvia solo sonreían.
- Que pena que no se te pare mijito. ¡Pero a mí no me dices perra! Comenzó a pegarle cachetadas. De un lado a otro iba su cabeza. Se emocionó Vinicio al sentir dolor.
- ¡Pégame perra, soy tuyo! – Replico Vinicio. Y entre esa avalancha de golpes que lo propinaban Lady y Silvia el sentía satisfacción, se comenzaba a excitar mas. Y entre recuerdos vagabundos, lagunas mentales recordaba cuando su padre le pegaba y le obligaba a tener los juegos prohibidos que siempre tenían cuando mamá se iba. Le propinaba golpes que lo hacían llorar y gemir a la vez. No sabía si estaba confundido, extasiado, erróneo, pero lo lleva a su mayor éxtasis ese momento. Silvia le penetra profundamente una botella, el gime, se siente sucio pero feliz, asqueado pero satisfecho.
- Hola, soy Vinicio. ¿Puedo ir?
- Si
- Si
Simplemente se arrodilló se acostó entre su falda y lloró y lloró y lloró, Soledad no comprendía nada, pero lo dejó no mas desahogarse.
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